Transformaciones silvícolas debidas al fuego en los bosques

En realidad, el fuego repetido y muy vivaz sobre una misma superficie boscosa suele determinar la desaparición total de especies arbóreas de semillas pesadas, que son precisamente, por estas circunstancias, aquellas cuya regeneración natural no puede realizarse mucho más allá de la proyección de las copas sobre el suelo. En cambio, en algunas especies arbóreas de la formación chaqueña y misionera, de características biológicas apropiadas para ser tratadas en tallar (raíces gemíferas o yemas en el cuello o parte inferior del tronco), como el “tatané”; “chañar”; “’algarrobo blanco” ; “algarrobo negro”; “peteribí”; “quebracho blanco”, etc., la destrucción de la parte vegetal aérea, por acción del fuego, provoca un mayor desarrollo radicular y la rápida aparición de numerosos renuevos en forma de colonias o de matorrales que van ampliándose constantemente hasta cubrir totalmente el suelo. Desde el punto de vista silvícola, estas colonias y matorrales son verdaderos tallares y, como consecuencia, siempre necesitan un tiempo muy largo hasta llegar a proporcionar diámetros apropiados para la utilización de los troncos como madera de obra. Constituyen, en cambio, el tratamiento más indicado para producir material destinado a combustible.
Conversiones silvícolas en superficies incendiadas.
La conversión forestal de los tallares con reservas, en fustares, que es el tratamiento forestal más adecuado para producir madera de obra, suele tardar más que la formación del fustar normal; por lo general, el período es mayor a 100 años, aunque, como es lógico, varía con la rapidez de crecimiento de la especie, la eficiencia con que se lleve el tratamiento y con la condición primordial de que no vuelva a pasar el fuego. Existen, por otra parte, tallares originados por el fuego, cuyos ejemplares nunca llegan a adquirir el porte de árboles mayores, capaces de proporcionar rollizos destinados a la producción de madera de obra. El hecho es que, cuando desaparece el bosque. Verdadero regulador de las aguas superficiales, las formaciones herbáceas suelen empobrecerse, disminuyendo por tal motivo el coeficiente de receptividad ganadera de los campos. En tal situación, la persistencia de rozados a fuego sobre tan inflamable material de gramíneas duras y apropiadas para propagar rápidamente el fuego, puede concluir por exterminar incluso a las raíces mismas del tapiz herbáceo.
Particularmente peligrosa es la destrucción del bosque en los suelos muy arcillosos de la zona oriental húmeda del Chaco y Formosa, donde abunda el “quebracho colorado chaqueño”. En esas tierras de aptitud netamente forestal, la desaparición del valioso bosque que las cubre elimina, por lo general, toda esperanza de que surja nueva vegetación natural útil, o que puedan llegar a obtenerse buenas cosechas agrícolas, debido a la gran compactibilidad del suelo, en el que sólo suelen crecer y desarrollar, espontáneamente, arbustos o un tapiz herbáceo sin valor. Pero lo más grave es que estos incendios, que podríamos llamar locales, suelen extenderse extraordinariamente en épocas de acentuada sequía, por poco viento fuerte que se levante durante el desarrollo de la quemazón.
Abras y pampas originadas por el fuego.
En nuestra opinión, salvo las abras y pampas situadas preferentemente en los lugares bajos o depresiones más o menos extensas y de origen edáfico gran parte de estos espacios libres, en especial las pampas, tienen su origen en el fuego; y las gramíneas por lo general muy altas que los cubren, son el mejor medio de propagación del voraz elemento. Así nos lo permiten asegurar las diversas observaciones que realizáramos durante los viajes de estudios forestales a los bosques chaqueños y el examen de los croquis de nuestros inventarios forestales. En ellos se nota que los ejes longitudinales de la mayoría de las pampas tienen dirección norte-sur, que es la del viento más peligroso, dirección que es aún más notable en las abras, que encadenan entre sí raleras e “isletas” de acuerdo a la misma orientación. Por otra parte, referencias de pobladores que nos merecen la más absoluta confianza, nos indican que corrientemente ven dificultadas sus tareas al arar las pampas; debido a los tropiezos de la reja con restos de raíces de árboles quemados, aunque la superficie del terreno, en apariencia, estaba libre de estos obstáculos.
Y por fin, da mayor razón a nuestra tesis la composición florística de cualquiera de las numerosas raleras e isletas distribuidas irregularmente entre las pampas y abras, cuyas asociaciones vegetales son iguales a las del bosque vecino. Un gran incendio, iniciado en 1922 en el Chaco santiagueño, produjo una verdadera devastación al destruir una superficie aproximada de 40.000 hectáreas. El fuego tomó impulso irresistible debido a que después de un período de abundantes lluvias, que determinó el crecimiento extraordinario de dos gramíneas que forman extensas comunidades en la región, el “espartillo” y el “simbol” ,siguió un lapso de acentuada sequía que creó el ambiente favorable a la iniciación y veloz expansión del fuego entre tan apropiado material de combustión. Muchas de las abras y pampas existentes en los bosques del departamento Copo, en el Chaco santiagueño, se originaron en aquella oportunidad, presentando actualmente algunas de ellas un estrato de gramíneas tan compacto que resulta imposible la vida de cualquier otra planta, ya que el “simbol” o el “espartillo” ocupan totalmente el suelo.
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