Reconstitución del bosque

Abandonado el claro producido por el rozado, no tarda en ser ocupado por plantas heliófilas, entre las que se destaca netamente, por su carácter de dominante, el “fumo bravo” que se convierte pronto en pequeño árbol, bien notable delante del bosque aun en pie, por el color verde grisáceo de su follaje. Es acompañado en esta etapa constructiva por otras especies arbustivas y herbáceas, entre las que se pueden citar la “hortiga gigante”; “chilcas”; “escobadura”; “matacampo” o “cardo”, etc. También pueden observarse algunas especies de la selva primitiva como el “cedro” y el “’peteribí”; por fin, más tarde le siguen las otras especies compañeras de las dos arbóreas citadas y. como ellas, económicamente muy valiosas que van adquiriendo lentamente su porte arbóreo hasta reconstituir la asociación primaria. Pero todo ello se produce al cabo de muchos años. En los mapas I y II puede observarse cómo se desarrolla el proceso de instalación de pobladores y la forma progresiva y acelerada en que disminuye el bosque a medida que aumenta el número de aquéllos. Las superficies correspondientes a bosques rozados han sido dejadas en blanco; el grisado denso obscuro corresponde al bosque económicamente más valioso, que crece sobre suelo profundo; el grisado claro, al bosque de calidad inferior al anterior, sobre suelo mediano, y el grisado más ralo, al bosque económicamente pobre, que crece sobre suelo superficial. El trazo punteado indica las sendas y el trazo lleno los arroyos.
Excepción hecha de la parte inferior del lote, que abarca 1.028 hectáreas, toda la superficie restante se halla mensurada y poblada por gran cantidad de colonos, según lo indican los numerosos rozados. De acuerdo a la existencia de superficies rozadas.se deduce que los pobladores se instalan de preferencia en la parte mensurada y en mayor cantidad en las cercanías del camino nacional (ruta 14) y orillas dc sendas y arroyos, aparentemente sobre cualquier tipo de suelo. Difiere notablemente el mapa forestal de la sección II con el siguiente de 4.657 hectáreas, correspondientes a la futura sección III sin mensurar, ya que, siendo limítrofe, la ocupación por parte de pobladores es más reciente; es, podríamos decir, la primera etapa de instalación de pobladores. Pero como la ocupación del terreno se va realizando en escala ascendente, pronto aparece la superficie recortada por innumerables rozados realizados siempre en detrimento de la superficie boscosa. El rayado, sobre grisado del mapa II corresponde a un gran incendio producido hace algunos años, precisamente por la expansión del fuego de los rozados vecinos hacia el bosque, sin duda, en condiciones de gran sequía.
Efectos de la denudación de la arcilla lateritica.
Sin embargo, el mayor peligro que presentan los rozados a fuego en todos los tipos de suelo misionero, es su práctica en terrenos que presentan declives largos, muy comunes por otra parte en el territorio. En estos casos el agua de las fuertes y frecuentes lluvias determina el arrastre del horizonte humífero puesto tan bruscamente al descubierto al ser eliminada por acción del fuego, la masa arbórea que lo defendía. Una vez desaparecido así el estrato fértil del terreno, queda al desnudo el horizonte B de arcilla lateritica que, a su vez, por acción directa del agua que lo moja y del fuerte sol estival que lo reseca termina por formar una costra dura y agrietada que tiene más apariencia de ladrillo que de tierra vegetal y en donde las semillas de especies forestales valiosas no encuentran ambiente favorable a su germinación y mueren. Para evitar estos peligros, actualmente se está difundiendo en Misiones la práctica de la praderización de los rozados que no rinden buenas cosechas; utilizan al efecto “grama” o “gramillón” y otras gramíneas, que forman denso césped y evitan la erosión al propio tiempo que son aprovechadas como forraje. Pero por tratarse de gramíneas invasoras, cuando el lugar es ocupado por ellas, queda eliminada toda posibilidad de reinstalación del bosque, dado que es naturalmente imposible la germinación de semillas forestales en tan denso tapiz graminoso. Además, cuando este tapiz avanza se hace práctica-mente imposible su destrucción.
Sin embargo y a pesar de todo lo referido, la realidad es que el colono misionero, adjudicatario de 100, 50 y 25 hectáreas, necesita seguir rozando bosque, porque la ley 4167 y decretos reglamentarios que rigen en materia de tierra pública. establecen la obligación, por parte de los mismos, de cultivar el 50 por ciento de la superficie apropiada para fines agrícolas. Teniendo en cuenta esa circunstancia y, además la característica de empresa y aplicación al trabajo del colono misionero, la Dirección Forestal ha estructurado un plan que al par que contempla el aspecto legal de las relaciones del mismo con la Dirección de Tierras (repartición pública encargada del cumplimiento de la citada ley 4167), habrá de permitir la reforestación racional de una gran superficie de terreno, puesto que se hallan en condiciones de encararlo más de 18.000 colonos. Por el referido plan se permitiría, a los adjudicatarios de tierras fiscales por superficies como las citadas, el rozado del bosque existente dentro del 50 por ciento de la superficie concedida, a fin de que puedan cumplir, sin trabas de ninguna naturaleza, las obligaciones de cultivo que les impone el contrato de compraventa formulado con la Dirección de Tierras.
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