EL PROBLEMA EN LA PATAGONIA ANDINA SUS CAUSAS Y EFECTOS

En el caso de los bosques cordilleranos del sur, el punto de partida de los siniestros se halla con frecuencia en territorio chileno, debido a la gran difusión que ha adquirido allí la práctica del rozado a fuego del bosque, para crear campos destinados a la cultura agrícola, muy escasos y necesarios, por cierto, para el vecino país. Una vez que el fuego penetra en territorio argentino, suele adquirir proporciones extraordinarias por encontrar en nuestro medio condiciones que favorecen el rápido avance del voraz elemento. Y los bosques más afectados son los fronterizos, precisamente aquellos que, por estar más alejados de los centros poblados, tenían todas las probabilidades de conservarse en mejor estado.
Incendio en la parte continental
Razones de orden climático derivadas de la precipitación anual (días y épocas de lluvia), humedad relativa, temperatura y vientos, determinan la rápida y pujante acción devastadora del fuego en la parte argentina de la Patagonia, se consignan los datos promedio de los tres últimos años, tomados en El Bolsón (Río Negro), y ellos son bien ilustrativos al respecto; con pequeñas variaciones, los mismos pueden hacerse extensivos a los bosques de casi toda la parte andina de la Patagonia.
Factores climáticos favorables a la iniciación y avance del fuego.
Los factores climáticos que hemos considerado para su confección son: precipitación, días de lluvia, temperatura y humedad relativa, quedando señalada perfectamente la época crítica comprendida entre los meses de diciembre a febrero, indicada en el diagrama con un doble rayado oblicuo; esta época puede desplazarse a un mes antes o a un mes después, de acuerdo a las características climáticas del año, según se indica en el gráfico con un rayado simple oblicuo.
La humedad relativa actúa también directamente en la propagación de los siniestros, ya que bajando de 35 por ciento se aumenta considerablemente la inflamabilidad de la cobertura muerta. En el gráfico y en el cuadro numérico que lo ha motivado, la humedad relativa desciende en los meses de verano, aumentándose en tal forma las posibilidades de la propagación de los incendios. Respecto a la temperatura, se nota que es más elevada en el mes de enero, siendo éste uno de los factores que hace variar la humedad relativa.
Época más propicia.
Los vientos dominantes que soplan del oeste provienen del océano Pacífico, y como en un principio están cargados de humedad, crean en territorio chileno un ambiente sumamente propicio al avance del bosque por regeneración natural y muy abundante de las especies arbóreas. Pero resulta que, llegadas a la cordillera, las corrientes húmedas deben elevarse y al encontrar zonas más frías se condensa el vapor de agua que llevan, originando frecuentes y copiosas lluvias en Chile, entre los meses de marzo a noviembre y a veces hasta diciembre inclusive, en años muy lluviosos. Una vez descargada toda su humedad en Chile, el viento oeste pasa a territorio argentino completamente seco y crea en nuestro lado un ambiente tan favorable a la recepción del fuego que basta una leve chispa desprendida de los rozados chilenos para la rápida expansión del incendio. En este sentido, los meses de enero y febrero suelen ser también muy propicios para la propagación del fuego de los rozados, en el mismo territorio chileno, si sopla el viento seco del este, es decir, de la Argentina hacia el Pacífico, denominado en Chile viento “puelche” y frecuente sobre todo en los citados primeros meses del año.
Incendios que vienen de Chile.
Realmente impresionantes fueron los incendios que durante los meses de enero y febrero de 1942 se produjeron en el vecino país, adquiriendo repercusión nacional por las enormes pérdidas que ocasionaron. Estos siniestros fueron los que abarcaron mayor extensión entre los producidos ese año en nuestra Patagonia andina y se debieron. en su origen, a pequeños rozados iniciados en Chile en condiciones ambientales difíciles para la propagación del fuego; sin embargo. como queda dicho, fueron causa de verdaderas catástrofes al tomar inusitada fuerza el viento “puelche”.
Las pérdidas reveladas por los informes de técnicos chilenos, demostraron con claridad los graves perjuicios derivados de tanta imprudencia; así, tan sólo en las provincias chilenas de Malleco, Cautín y BíoBío, el fuego arrasó con más de 100.000 hectáreas de bosques, avaluados aproximadamente en mil millones de pesos argentinos. Y a la pérdida de incalculable riqueza en madera, hubo que agregar la de grandes superficies cultivadas con trigo a punto de ser cosechado, numerosos aserraderos, viviendas y hasta se debieron lamentar víctimas entre los mismos pobladores.
En Pucón, hermoso centro chileno de turismo, un tanto alejado de los incendios, parecía ser de noche en pleno día debido a la densa humareda que cubría el cielo.
Se gastaron sin éxito grandes sumas de dinero para circunscribir el fuego, hasta que lluvias providenciales pusieron fin a tanto desastre; pero ello ocurrió cuando ya los incendios habían pasado a nuestro país traídos por los cambios de dirección del viento. Por esta causa se originaron siniestros extraordinarios como el que se extendió al bosque denso de “araucaria de Neuquén” (Araucaria araucana [MoL. KocH), o también los de la región de los ríos Corcovado, Pico, etc., en el territorio del Chubut.
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