Avistamiento histórico de un yaguarundí en peligro de extinción 

Huella de un felino en tierra seca junto a una mano humana y una regla, utilizada para comparar el tamaño y registrar evidencia.

El yaguarundí (Herpailurus yagouaroundi) es un felino solitario y esquivo que actualmente se encuentra en peligro de extinción. Por eso, el reciente avistamiento de un individuo de esta especie en la Reserva Natural La Romera, en el municipio de Sabaneta, fue catalogado por los expertos como un hecho histórico.

Se trata de la primera vez en la que, gracias a una cámara trampa, se logró confirmar su presencia en un área protegida del municipio. Habían pasado más de 5 años sin registros en la zona de este pequeño animal carnívoro que suele moverse de forma sigilosa entre los bosques del continente americano. 

Al tratarse de un cazador solitario, que rehúye del contacto con sus pares y con otras especies, los científicos han tenido problemas para estudiarlo. Esta especie se diferencia de otros felinos de América porque su pelaje no es moteado, sino de colores uniformes que pueden ir desde el gris hasta el marrón. Además, tiene una apariencia singular en el rostro, ya que se parece más a una nutria que a un típico felino. 

¿Por qué el yaguarundí se encuentra en peligro de extinción?

La Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) es una base de datos que evalúa el estado de conservación de miles de especies alrededor del planeta. En esta lista, el yaguarundí figura como “especie de preocupación menor”, es decir, en la categoría de menor riesgo de extinción. 

Sin embargo, la mayoría de los biólogos concuerdan en que esta categorización es errónea y que se está subestimando su verdadera vulnerabilidad. En territorio colombiano, la principal amenaza a la que se expone este felino es la pérdida y fragmentación de su hábitat, impulsada por la expansión de ciudades en zonas boscosas, la deforestación para expandir la frontera agrícola y la construcción de infraestructuras como carreteras y puentes. 

Pero además, el comportamiento solitario del yaguarundí aumenta su fragilidad. Al ser un animal que recorre grandes territorios que ahora mismo se encuentran fragmentados por la actividad humana, la falta de corredores biológicos (espacios que conecten sus hábitats) dificulta su reproducción y aumenta los riesgos de que estos animales sean atropellados, como ocurrió recientemente en el Valle de Aburrá.

Los problemas que acarrea su interacción con los humanos

Los yaguarundíes son animales oportunistas. Esto quiere decir que si ven un corral con aves como gallinas o patos, no dudarán en aprovechar para cazar. Esta conducta puede desencadenar represalias violentas de los seres humanos, que los persiguen y asesinan para defender a sus animales de corral. 

Y al tratarse de felinos diurnos, en algunos casos, los yaguarundís cargan con los ataques cometidos por otros felinos como pumas o jaguares durante la noche. Esta característica también los vuelve más visibles y, por ende, más vulnerables al conflicto con personas que desarrollan actividades durante el día en áreas boscosas.

El invisible riesgo de la transmisión de enfermedades 

Cuando se estudió el cadáver del yaguarundí atropellado en el Valle de Aburrá, la necropsia reveló parásitos comunes en perros y gatos en su estómago, como por ejemplo el Toxascaris leonina. Esta contaminación biológica es resultado del contacto de este felino con especies domésticas más cercanas al hombre como perros y gatos. Este comportamiento no solo pone en riesgo al yaguarundí sino también a especies emblemáticas como el oso andino.

La presencia sin control de mascotas en áreas rurales fomenta la propagación de enfermedades como la rabia y el moquillo, lo que puede resultar perjudicial para la salud de los animales, pero también de las personas. Así lo demuestra un reciente caso ocurrido en la localidad de Jericó, donde una mujer murió por rabia tras recoger un cachorro infectado.

La necesidad de seguir investigando al yaguarundí

Uno de los mayores obstáculos para la conservación del yaguarundí es la falta de estudios específicos sobre su distribución. De acuerdo con el experto Anthony Giordano, conseguir financiación para investigar esta especie es extremadamente difícil. Esto se debe especialmente a que los fondos suelen concentrarse en felinos más reconocidos como el jaguar, el puma o el ocelote.

Pero la escasez de datos preocupa a organizaciones ambientalistas como Greenpeace Colombia. Ya que genera un peligroso círculo vicioso: al estar catalogado como de preocupación menor, no se priorizan su estudio y protección, lo que a su vez impide que se reevalúe su estatus. Y mientras tanto, su población podría estar disminuyendo sin que nadie lo sepa.

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