2024: Un año preocupante para los bosques colombianos

Bosque amazónico ardiendo entre llamas y humo denso bajo un cielo anaranjado.

Durante 2024, Colombia perdió 113.608 hectáreas de bosque. De acuerdo con el Ministerio de Ambiente y el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), este número equivale a ¡casi 3 veces la superficie de la ciudad de Medellín! ¿Dónde se concentra la mayor parte de esta pérdida? En la Amazonia, con más de 77 mil hectáreas deforestadas (más del 60% del total del país). 

Los departamentos más afectados fueron Meta, Caquetá y Guaviare, que forman parte del llamado “arco de deforestación amazónico”, donde la tala de bosques ilegales y los conflictos territoriales armados están provocando la destrucción de ecosistemas clave.

El Ministerio de Ambiente colombiano reconoció que sus esfuerzos de conservación de los bosques no han sido suficientes para lograr poner un freno a la deforestación. Según la ministra, Lena Estrada Añokazi, los bosques de la Amazonia están en un punto crítico debido a la combinación de actividades humanas ilegales y factores ambientales extremos (como sequías o incendios).

El Ideam también reportó que el 57 % de la deforestación total en Colombia se concentró en 9 núcleos. ¿El más afectado? Sabanas del Yarí, con un 18 % del total. Otras comunidades fuertemente afectadas fueron: los Llanos del Yarí, Sur del Meta y Mapiripán. Ante este escenario, organizaciones ambientalistas como Greenpeace Colombia siguen exigiendo la intervención urgente del Estado para proteger estos ecosistemas. 

¿Qué hay detrás de la deforestación de los bosques colombianos? 

De acuerdo con Edersson Cabrera, coordinador del Sistema de Monitoreo de Bosques y Carbono del Ideam, la pérdida de bosque en Colombia está estrechamente relacionada con los conflictos territoriales que se dan en varios puntos del país. La falta de control y los conflictos armados hacen que sea mucho más fácil para los criminales talar árboles de forma indiscriminada. 

A esto se suman las condiciones climáticas extremas registradas en 2024, como altas temperaturas, sequías e incendios, que exacerbaron la pérdida de bosques, incluso en áreas protegidas como el Parque Nacional Natural Tinigua y la Sierra de la Macarena. Por eso es necesario que el Estado aplique soluciones coordinadas que reduzcan la vulnerabilidad de los bosques nativos y aseguren el cumplimiento de las leyes ambientales vigentes. 

Cuando los programas de conservación no alcanzan para frenar la deforestación 

Desde su asunción, el Gobierno Nacional ha implementado programas como Conservar Paga, que busca incentivar a las familias campesinas mediante sumas de dinero para que contribuyan a proteger los bosques. La ministra Estrada aseguró que, a pesar de que hubo retrasos en los pagos y dificultades en la negociación con las fuerzas armadas ilegales, la población ha mantenido su compromiso con la conservación. De hecho, el Gobierno busca ampliar el programa a 9 mil familias durante 2025.

Sin embargo, estas políticas no siempre se reflejan en la reducción inmediata de la deforestación. Lina M. Moros, profesora de sostenibilidad de la Universidad de Los Andes, advierte que lleva tiempo que estas iniciativas tengan un impacto real en la conservación de los bosques. Para garantizar la sostenibilidad a largo plazo se necesita que haya mayores controles, que aumente la educación ambiental de las comunidades y que haya mayores incentivos económicos.

¿Cómo afecta la pérdida de bosques a las comunidades?

La pérdida de bosques amazónicos tiene efectos directos sobre la vida de las comunidades. Esto se debe a que estos ecosistemas regulan el agua, capturan carbono y protegen la biodiversidad. Cuando desaparecen, se rompen estos equilibrios, lo que aumenta la vulnerabilidad de las personas que viven en sus alrededores frente a sequías, inundaciones y otros fenómenos extremos. 

Pero la deforestación también tiene consecuencias sociales y económicas. Las comunidades que dependen de los bosques para alimentarse, cultivar o pescar ven amenazados sus modos de vida. Mientras que la tala ilegal y la presencia de grupos armados dificultan la aplicación de políticas de conservación, generando inseguridad entre los ciudadanos.

Por último, pero no menos importante, la tala de árboles libera grandes cantidades de carbono almacenado en ellos, lo que aumenta los gases de efecto invernadero y acelera el calentamiento global. Por eso, cuidar la Amazonia colombiana es indispensable para evitar que se libere este carbono y regular el clima local y global. 

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