Chile podría no cumplir sus compromisos ambientales por los incendios forestales

Fuego avanzando sobre una ladera cubierta de vegetación seca mientras una densa columna de humo se eleva hacia el cielo.

Durante siglos, los incendios forestales fueron parte del equilibrio natural de algunos ecosistemas. Ya fuera por la presencia de rayos, volcanes o sequías ocasionales, se solían generar focos que muchas especies de árboles aprendieron a resistir. Pero la crisis climática y el deterioro de los suelos han hecho que en las últimas décadas el fenómeno se haya intensificado, transformándose en una amenaza constante.

Solo en 2024 se perdieron más de 6 millones y medio de hectáreas de bosques en el planeta, casi el doble que el año anterior. América Latina fue la región del planeta más golpeada, con incendios recurrentes en Bolivia, Brasil, Argentina, Ecuador y Chile. Esto no solo ha destruido la biodiversidad de estos países, sino que atenta contra la capacidad de absorber carbono de los bosques, empeorando aún más el calentamiento global.

Tal es el impacto que, según investigaciones de Global Forest Watch y Land & Carbon Lab del WRI los bosques han reducido drásticamente su capacidad de absorber carbono en los años de incendios extremos. ¿Qué quiere decir esto? Que lo que debería funcionar como un “aire acondicionado natural” termina transformándose en otra fuente de emisiones contaminantes.

Chile: los incendios forestales vs la neutralidad de carbono 

En el año 2022, cuando se promulgó la Ley Marco de Cambio Climático, Chile se fijó la meta de ser carbono neutral antes del año 2050. Pero para que esto suceda, sus bosques deben ser capaces de capturar 65 mil kilotoneladas de Dióxido de Carbono hacia mediados de siglo. Esto permitiría equilibrar las emisiones de todas las actividades económicas del país. 

El problema reside en que los megaincendios de 2017 y 2023 desajustaron por completo las proyecciones estimadas cuando se sancionó la ley. En 2017 se quemaron 570 mil hectáreas (lo que hizo que se emitieran 121.617 kt de CO₂eq, el nivel más alto en la historia del país). Seis años después, otro megaincendio arrasó 400 mil hectáreas y dejó el segundo peor registro de emisiones netas. Como resultado, en lugar de compensar, los bosques se convirtieron en emisores de gases contaminantes.

De acuerdo con los informes oficiales, el sector de uso de la tierra y silvicultura (UTCUTS) se ha vuelto mucho más vulnerable. Y a menos que se produzca una reducción de los incendios forestales y la gestión de los bosques del país mejore, la promesa de carbono neutralidad podría quedar en solo una utopía. 

Ecuador y los páramos en llamas

La situación se repite en Ecuador, donde los páramos funcionan como reservas gigantescas de carbono, con hasta 400 toneladas por hectárea en suelos profundos y hasta 2 mil en las turberas. Pero pese a este valor, los incendios en estas áreas se han multiplicado en las últimas décadas: ¡de 610 hectáreas afectadas en 2010 se pasó a más de 83 mil en 2024!

Para colmo, el fuego no solo elimina la vegetación, sino que libera el dióxido de carbono acumulado en ella durante siglos. Las investigaciones locales advierten que un páramo quemado puede perder hasta un 80% de su capacidad de absorción de carbono. A esto hay que sumarle que los incendios forestales más graves han ocurrido en áreas protegidas, como la Reserva El Ángel y el Parque Nacional Cajas.

Otra grave problemática tiene que ver con el avance de la frontera agrícola y de la ganadería extensiva. Con la adición de las sequías provocadas por el calentamiento global, los páramos han quedado con un 96% de su territorio en riesgo inminente de incendios. Por lo que el país tampoco podría cumplir con sus compromisos climáticos. 

¿Cómo responden estos países a los incendios? 

Ante la inoperancia de los gobiernos para hacer frente a este problema, las comunidades de Chile y Ecuador han creado iniciativas para autoprotegerse. En la región del Biobío, por ejemplo, el proyecto Buena Cabra emplea rebaños para limpiar la vegetación seca y reducir el peligro de los combustibles naturales. Mientras tanto, en Ecuador, brigadas de voluntarios trabajan patrullando los páramos de Carchi y combatiendo los focos de incendio. 

Rocío Cruces, cofundadora de Buena Cabra, comprobó en 2023 que su método funciona: su bosque resistió el incendio Santa Ana, mientras los alrededores quedaron calcinados. Sin embargo, tanto los científicos como los expertos de organizaciones como Greenpeace Chile coinciden en que estas medidas no serán suficientes a menos que estén acompañadas de políticas oficiales que controlen las especies invasoras, prohíban las quemas agrícolas y restauren los ecosistemas. 

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