Nueva normalidad: ¿Por qué hay cada vez más incendios forestales en la Patagonia?

Viviendas y vehículos destruidos por un incendio forestal en una zona boscosa de la Patagonia argentina, con árboles calcinados y humo en el ambiente.

Entre octubre de 2024 y marzo de 2025, la Patagonia argentina enfrentó una de las peores temporadas de incendios forestales de su historia. De acuerdo con un informe de la organización ambientalista Greenpeace Argentina, en total se quemaron casi 32 mil hectáreas en las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut (equivalente a una Ciudad de Buenos Aires y media). 

Pero más allá de esta cifra preocupante, el impacto de esta catástrofe no fue solo ambiental. Las llamas destruyeron viviendas, forzaron a cientos de familias a abandonar sus hogares e incluso se cobraron la vida de un ciudadano. Esta situación ha llevado a los expertos a considerar a los bosques andino-patagónicos como un ecosistema en emergencia. 

Y es que en entre 2001 y 2023, la región había perdido más de ¡115 mil hectáreas de bosques nativos! Pero solo en es esta última temporada Neuquén perdió casi 12 mil hectáreas, Río Negro vio quemarse más de 10 mil y Chubut lamentó la pérdida de más de 9 mil quinientas. Estos datos son la muestra de que los incendios han llegado para quedarse. Y lo que es peor, la situación podría seguir empeorando si no se toman medidas para prevenirlos. 

¿Por qué los incendios forestales han empeorado en los últimos años?

Según el investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) Javier Grosfeld, los recientes incendios forestales alcanzaron niveles de intensidad que no se registraban en el país ¡desde hace más de un siglo! El especialista considera que actualmente, los incendios de quinta, sexta y séptima categoría (como también sucedieron en las ciudades chilenas de Los Ángeles o Valparaíso) se han vuelta la norma. 

Esto representa un cambio de paradigma en la forma de entenderlos y lidiar con ellos. Y la principal causa detrás de este empeoramiento es nada más y nada menos que el cambio climático, que actúa como un multiplicador. ¿Por qué? Porque genera sequías más prolongadas, temperaturas más altas y una mayor frecuencia en las tormentas eléctricas. 

Esta combinación (rayos + vientos + calor sofocante) actúa como un multiplicador de incendios, haciendo que sea mucho más fácil que el fuego se expanda. A esto se suma que algunas zonas que antes eran más húmedas se han ido resecando y volviéndose mucho más inflamables. 

Pero aunque es cierto que algunos focos comienzan como resultado de causas naturales, como un rayo, la mayoría de los incendios se producen por responsabilidad humana. Esto es: o por una acción directa (como encender un fuego o tirar una colilla de cigarrillo mal apagada) o por acciones indirectas que promueven el cambio climático (como el uso de plásticos, combustibles fósiles o la deforestación). 

El peligro de las nuevas viviendas en medio del bosque 

Uno de los factores humanos que más ha influido en esta “nueva normalidad” del fuego es la urbanización desordenada. Se llama así al fenómeno que se está produciendo desde hace algunos años, con más y más personas que eligen vivir en lo que los especialistas llaman “zonas de interfase”. 

Estos sitios son aquellos en los que las casas se mezclan con el bosque. Y si bien pueden sonar idílicas, esta clase de desarrollo puede convertirse en una verdadera pesadilla, ya que aumenta exponencialmente el riesgo de incendios, tanto por la presencia de materiales inflamables como por la cercanía entre las llamas y las viviendas.

La propagación de especies exóticas e inflamables

A las viviendas en medio del bosque se suma la expansión de especies exóticas como el pino, que fueron introducidas por empresas forestales para producir madera o papel. En zonas como Puerto Patriada o El Hoyo, estos monocultivos son como pólvora esperando a ser explotada, porque no solo se prenden con facilidad, sino que arden con mucha mayor intensidad que las especies nativas.

Pero además del problema de su inflamabilidad, son árboles de crecimiento rápido que se plantan en masa y crean lo que los científicos denominan “desiertos verdes”. En estos jardines artificiales de pinos, no existe la biodiversidad, todo se reduce a una sola especie comercial que no cumple con las funciones ecológicas que necesita un bosque para mantenerse sano.

Solo hace falta una chispa para que comience un incendio. Por este motivo, varios investigadores han advertido que si no se detiene la expansión de estas plantaciones y no se comienza a restaurar el ecosistema original, los incendios podrían volverse cada vez más frecuentes, más rápidos y más difíciles de contener.

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