La importancia de la biodiversidad para la vida en el planeta

Instalación de Greenpeace con figuras de animales y un cartel rojo de SOS frente a la sede de la ONU.

Desde hace décadas, la biodiversidad del planeta se encuentra en riesgo. De acuerdo con la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES, por sus siglas en inglés), ¡un millón de especies animales y vegetales se encuentran en riesgo inminente de desaparecer! 

Y es que, en los últimos 50 años, la naturaleza ha padecido más cambios que en cualquier otro momento de la historia humana. Es importante entender que la pérdida de biodiversidad no solo implica la desaparición de especies únicas, sino que además altera diversas funciones ecológicas que estos individuos cumplen en el planeta y que sostienen la vida en él. 

¿Cuáles son las causas detrás de la pérdida de biodiversidad? Actividades humanas como la deforestación, la expansión urbana, el avance de la frontera agropecuaria, la contaminación y el cambio climático, entre muchas otras que derivan del modelo económico extractivista que rige en todo el mundo. 

En Argentina, puntualmente, esto se puede apreciar en crisis ecológicas como la pérdida de bosques nativos, la degradación de los humedales y la fragmentación de hábitats. A medida que esto ocurre, las especies nativas se ven afectadas y, cuando se extinguen, provocan un efecto en cadena que pone en riesgo a todas las formas de vida.

Por otro lado, cuando este equilibrio natural se ve afectado, se intensifican los eventos climáticos extremos (como sequías, incendios forestales o inundaciones) y se reducen los servicios ecosistémicos como la polinización, la purificación del aire y del agua, y la fertilidad de los suelos.

Funciones invisibles de la biodiversidad 

La biodiversidad es una condición indispensable para que los seres humanos puedan existir. Muchas especies cumplen roles ecológicos que no pueden ser reemplazados. El yaguareté, por ejemplo, es un gran depredador que contribuye a regular las poblaciones de otros animales, manteniendo el equilibrio en los ecosistemas. 

El guanaco es un herbívoro que dispersa semillas adonde quiera que va. Esto ayuda a que los pastizales donde habita se regeneren. Y en el océano, la ballena franca austral contribuye a fertilizar el mar, favoreciendo la producción de fitoplancton (esencial para la absorción de dióxido de carbono).

Los ecosistemas donde estas especies viven (bosques nativos, humedales o pastizales) funcionan como amortiguadores climáticos. Filtran el agua, retienen carbono, estabilizan los suelos y reducen el impacto de sequías e inundaciones. Y al mismo tiempo, sirven de hábitat para miles de especies que dependen de ellos para sobrevivir. Por estos motivos, proteger la naturaleza es también defender la salud humana, la seguridad alimentaria, la calidad del aire que se respira y del agua que se bebe en la Tierra.

La naturaleza puede regenerarse gracias a la propia naturaleza

Cuando se aplican soluciones basadas en la naturaleza (como la restauración de ecosistemas, la agricultura sustentable o la protección de las cuencas de agua) es posible subsanar varios problemas ecológicos al mismo tiempo. Por ejemplo, combatir el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la inseguridad hídrica y hasta la pobreza. 

Expertos de organizaciones ambientalistas como Greenpeace Argentina estiman que esta clase de obras pueden aportar ¡hasta el 37% de la mitigación necesaria para limitar el calentamiento global a 1,5 grados centígrados antes del año 2030! Restaurar humedales, reforestar con especies nativas o proteger los corredores biológicos de especies como el yaguareté son acciones de bajo costo y alto impacto.

Ejemplos de restauración en Argentina

En Argentina existen iniciativas que prueban el potencial de estas estrategias. Entre ellos se destacan iniciativas de rewilding en los Esteros del Iberá, la protección de los bosques andino-patagónicos o los proyectos de restauración en el Gran Chaco. Pero lamentablemente, se trata de casos aislados que dependen de la buena voluntad de individuos. 

Lo ideal sería que se conviertan en políticas públicas ejercidas y financiadas por el Estado Nacional. Pero esto solo será posible si el gobierno deja de negar el cambio climático y de rechazar el saber científico. Además, es crucial que se respeten y ratifiquen los compromisos asumidos por el país, como el Tratado Global de los Océanos o el Tratado Global de Plásticos. 

Es importante que líderes negacionistas como Javier Milei sepan que la degradación del medio ambiente genera pérdidas anuales que equivalen al 10% del Producto Bruto Interno global (De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). En cambio, cuando los ecosistemas se restauran se pueden generar empleos, mejorar la salud pública y reducir la incidencia de los eventos climáticos extremos. En definitiva, no hay mejor inversión a largo plazo que la naturaleza.

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