Greenpeace Argentina advirtió sobre la reciente desregulación del turismo en Parques Nacionales

Grupo de pingüinos caminando entre bloques de hielo en una costa antártica, símbolo de los desafíos de conservación en áreas protegidas.

La creación de los parques nacionales en Argentina respondió siempre a una misión clara: conservar ecosistemas valiosos, resguardar especies y proteger la biodiversidad. El turismo nunca ocupó el centro de ese propósito, sino que fue un complemento capaz de visibilizar y financiar esa misión. En marzo de 2025, las resoluciones 61/25 y 62/25 firmadas por la Administración de Parques Nacionales (APN) modificaron el reglamento sobre guías y permisos turísticos. Prometen simplificación, digitalización, y nuevas oportunidades, pero también generaron alarma entre guardaparques, guías y especialistas ambientales. La pregunta que hoy se impone es si estas medidas fortalecerán el vínculo entre visitantes y naturaleza o si, por el contrario, erosionarán la misma esencia de las áreas protegidas.

Qué se modificó en la resolución 61/25 sobre guías en Parques Nacionales

La resolución 61/25, publicada en marzo, derogó el reglamento anterior de 2019 y aprobó un texto completamente renovado. El nuevo reglamento reorganiza las categorías de guías en dos grandes grupos: “turismo especializado” y “guía de sitio”, y establece seis capítulos que abarcan desde objetos y definiciones hasta sanciones y retiro de habilitación. Asimismo, otorga a la Dirección de Uso Público la responsabilidad exclusiva sobre la habilitación, suspensión y renovación de credenciales, además de delegar la definición de requisitos particulares para cada tipo de guía.

Se justifica todo esto como una forma de modernizar los procedimientos, reducir trámites, actualizar responsabilidades y atender a la dinámica turística actual. Lo curioso es que, según señalan las propias notas internas, esta iniciativa fue aprobada sin objeciones de las direcciones de Operaciones o Conservación.

Qué impulsa la resolución 62/25 sobre permisos turísticos

Por su parte, la resolución 62/25 homologó el reglamento de permisos turísticos en un anexo que detalla las actividades autorizadas y los requisitos para su realización. El objetivo —según la APN— es eliminar la burocracia excesiva y migrar trámites antiguos a plataformas digitales, agilizar procesos y adaptarlos al nivel de impacto de cada prestación.

Sustituye una batería de normas previas que datan desde 2002, incorporando nuevas delegaciones y ajustes realizados entre 2006 y 2023 . Con capitalización económica como uno de los motores declarados, busca promover turismo responsable y de calidad, en un marco de conservación.

Temor a un turismo descontrolado

La reacción no se ha hecho esperar. Desde organizaciones como Greenpeace Argentina y FARN, junto a sectores del personal de la APN, se alerta sobre los riesgos de invalidar la mirada conservacionista . Advierten que abrir las puertas sin filtro puede derivar en polémicas semejantes al caso del minitrekking, cuando una sola empresa ofrecía el servicio exclusivo y cobraba altos precios, según el presidente de la APN. Pese al discurso oficial de que “el control no se abandona”, los sindicatos y asociaciones de guías remarcan que se prioriza el lucro al punto de relegar la mirada conservacionista . La preocupación principal: al flexibilizarse la necesidad de guías y su evaluación física o teórica, podrían proliferar actividades sin supervisión adecuada, lo que pondría en riesgo la integridad de los parques más sensibles. Según un dirigente gremial: el guía no es un lujo —exhortan—, es un requisito vital para sostener un turismo sustentable.

Posibles impactos sobre flora, fauna y prevención de incendios

En los patrimonios naturales defendidos por la APN hay senderos delicados, ecosistemas frágiles y especies vulnerables. Sin guías que orienten, corrijan y observen, se dispara el riesgo de erosión, pisoteo, extracción de flora o fauna y accidentes. Más aún, en ausencia de un conocimiento profundo del territorio, se pierde la capacidad de reacción temprana frente al fuego. Y esto no se limita a lo forestal: fauna en peligro, regresión de especies o fractura de procesos ecológicos también podrían acelerarse.

Hacia un modelo que equilibre uso y cuidado real

La necesidad pasa por algún punto intermedio. La digitalización es bienvenida, pero no si se traduce en oficinas sin gente donde se desconocen las realidades ambientales. Incorporar nuevas actividades —cabalgatas, globos, fotografía— puede diversificar la oferta y dinamizar economías locales; pero también exige guías debidamente preparados, brigadistas disponibles y protocolos vigentes. Esto implica no resignar la inversión en capital humano, ni la claridad en las normas que regulan quién, cómo y sobre qué se opera.

La respuesta está en diseñar un sistema mixto. En él, los trámites digitales convivan con capacitación obligatoria, evaluaciones periódicas y monitoreo permanente. Un sistema que acoplie la modernidad administrativa con la lógica del resguardo. Una lógica que ponga en valor el sentido fundacional de los parques y reconozca que sus grandes lecciones no están en la cantidad de turistas, sino en la diversidad viva que logremos conservar mientras exploramos.

Con estas dos resoluciones, la APN abrió una nueva etapa, en la que el turismo podrá crecer más libremente. El riesgo ahora es si lo hará acompañado de los mecanismos que mantengan intacto el propósito original. En definitiva, la decisión del Estado argentino hoy define si los parques serán espacios al servicio exclusivo del turismo, o reservas al servicio de la vida y la tierra que todos debemos proteger.

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