Grave denuncia de Greenpeace por deforestación: una empresa arrasó 30 mil hectáreas en 20 años

Por el norte de Santiago del Estero, el polvo del Chaco vuelve a levantarse. No es sequía ni viento: son topadoras. Greenpeace dice que Madera Dura del Norte, una empresa ganadera enorme, de esas que mueven hectáreas como si fueran piezas de ajedrez, está desmontando otra vez. Más de 3 mil hectáreas, según el recorrido que hicieron hace poco. Lo repiten con una mezcla de enojo y cansancio: “otra vez”.
En total, calculan que ya van treinta mil hectáreas perdidas en veinte años. Difícil imaginarlo. Es una superficie más grande que toda la ciudad de Buenos Aires.
Bosques que todavía resisten
Noemí Cruz, de la campaña de Bosques de Greenpeace Argentina, estuvo ahí. Contó que todavía quedan árboles de quebracho colorado y blanco, guayacanes, algarrobos, itines, yuchanes, mistoles. Bosques que todavía respiran, aunque por poco. Dice que los desmontes violan la Ley Nacional de Bosques, que hay complicidad del gobierno provincial y que las topadoras avanzan sobre tierras de familias campesinas. Lo dijo sin rodeos, casi con bronca: “Esto no debería estar pasando”.

Un nombre que se repite
La empresa no es nueva en esto. Madera Dura del Norte S.A. pertenece a Gabriel Benjamín Romero, empresario conocido en los negocios ferroviarios —EMEPA, Ferrovías— y también vinculado a la Hidrovía y a PC Vía Pública. Greenpeace ya la había denunciado en 2006. Cambian los años, cambian los gobiernos, pero el patrón se repite: más ganado, menos monte. Una forma lenta y constante de borrar el paisaje.
La cadena de deforestación y ecocidio
En los informes de la organización hay una frase que se repite: la deforestación es un ecocidio. Lo dicen porque no se trata solo de árboles. Cuando se arrasa el bosque, se desarma un equilibrio que lleva siglos. Las lluvias cambian, el suelo se seca, las especies desaparecen. Y detrás vienen las consecuencias humanas: los desalojos, la pérdida de alimentos, medicinas, madera. Todo empieza con una máquina que empuja, pero no termina ahí.

Una campaña y una promesa que no se cumplen
Greenpeace está pidiendo que destruir bosques sea un delito penal. No una falta administrativa, un delito. En su campaña “Votá por los bosques”, más de 270 mil personas ya firmaron en votaporlosbosques.org. Piden lo obvio: que se cumpla la ley, que haya sanciones, que se frene lo que ya debería estar prohibido. Mientras tanto, el ruido de las topadoras sigue.
Entre la palabra y el terreno
En 2021, Argentina se comprometió en Glasgow a alcanzar la “Deforestación Cero” para 2030. Suena bien, pero los satélites dicen otra cosa. Las imágenes muestran zonas nuevas de tierra pelada, líneas rectas donde antes había monte. Por momentos, el Chaco parece un tablero a medio borrar. Igual, nadie detiene la mano que traza. Y cada árbol que cae, cae dos veces: una en el bosque, otra en la promesa.
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