Etapas en la regresión del bosque por efectos del fuego periódico

Sin embargo, resulta que, por el contrario, en los lugares en que el “mazacote” es muy superficial (suelos superficiales), es donde mayor pobreza vegetal se nota una vez que ha pasado el fuego destruyendo totalmente el bosque. Las condiciones climáticas nuevas determinan que el suelo se cubra en estos casos por pequeños y esporádicos grupos de la compuesta que no es comida por los animales; manchones de la denominada vulgarmente “frutilla silvestre” que es comestible; otra especie, la Gunnera maguellanica LAM., llamada vulgarmente “frutilla del diablo” y sobre la delgada capa de cenizas una gramínea, el Agrostis maguellanica LAM. Se destacan, además, negras cepas de “lenga” superficialmente carbonizadas, que dan al conjunto el aspecto de un verdadero cementerio desolado hasta por ausencia de animales Todas las etapas de destrucción pueden ser observadas en la explotación realizada especialmente en el bosque del Cañadón del Monte Susana y sus inmediaciones: desde el árbol apenas chamuscado en la base, al terreno totalmente desnudo de vegetación arbórea y tan sólo cubierto por el material formado por la cobertura muerta e incendiado el año último, o los anteriores, por las causas apuntadas.

Como consecuencia de esta denudación no tardan en manifestarse, en muchos lugares en que existe una capa delgada de suelo asentada sobre el “mazacote” o sobre la roca madre, los peligrosos fenómenos de afloramiento del “mazacote” o de la roca misma. En el Cañadón del Monte Susana pueden observarse superficies cubiertas con árboles parcialmente quemados que, sin embargo, continúan su desarrollo. Pero también aquí, en ejemplares que hicimos abatir, pudimos advertir la presencia de enfermedades ocasionadas por ataques muy pronunciados de hongos lignícolas en el leño. En los lugares en que el “mazacote” está a mayor profundidad y hay una capa más espesa de humus y tierra vegetal y la “lenga” reaparece. cl perjuicio ocasionado por el fuego es indirecto; en estos casos, algún tiempo después del paso del fuego la “lenga” surge asociada a escasos ejemplares de “calafate”. Se presenta entonces el otro enemigo del bosque: el ganado que en constante ramonear no permite a las plantas forestales desarrollar normalmente, imprimiéndoles las formas más raras y la seguridad de que en esas condiciones nunca llegarán a ser árboles de provecho.

Además del repoblado y monte bravo de “lenga” y “calafate” existente en la parte incendiada en 1917, sobre las laderas de los Montes Martiales con exposición sur, pudimos observar un hecho de substitución vegetal, debido a la acción de los animales que, a pesar de ser hoy apenas notable, puede alcanzar gran importancia en el futuro. Se trata de la decidida preferencia que tienen los animales que pacen en aquellos lugares por los ejemplares jóvenes y tiernos de “lenga”, huyéndole en cambio, a las largas y abundantes espinas que presenta el “calafate” en su abundante ramaje. Merced a esa defensa natural contra los animales, esta última especie puede cumplir su ciclo biológico completo, y esto unido a la profusión con que se reproduce por vía agámica, determina la evidente superioridad en que queda colocado el “calafate” sobre la “lenga” para la lucha por la vida. Por tal razón, de seguir permitiéndose la entrada de hacienda a esos lugares, el “calafate” no tardará en ocupar totalmente el lugar de la “lenga” en las citadas superficies incendiadas, con el consiguiente perjuicio económico y ornamental futuro de tan importante marco para la población de Ushuaia.

Según hemos expresado, en los bosques de montañas los incendios tienden generalmente a avanzar hacia las alturas; pero, frente a la población de Ushuaia, en los Montes Martiales, entre los 400metros sobre el nivel del mar y el límite de la vegetación, 700 metros sobre el mismo nivel, puede observarse que la masa leñosa no presenta señales de haber sido alcanzada por los incendios, lo que se debe al alto por ciento de humedad ambiente, pues a partir de los 400 metros sobre el nivel del mar la vegetación se halla con mucha frecuencia oculta entre nubes.

LEBEDEFF, que realizó en 1932 un estudio sobre estos bosques1, refiere que la extensión de éstos, todavía vírgenes o relativamente poco entresacados de la región de Ushuaia, comprende: el Cañadón del Toro 2 y sus proximidades, el Valle de Andorra, el Cañadón Chico, el Monte Susana 3 y el Cañadón de la costa del Canal de Beagle. En ellos había aproximadamente unas 1.800 hectáreas con bosques capaces de dar, término medio, 263 metros cúbicos de leña por hectárea y 35 metros cúbicos de madera de obra, y unas 1.200 hectáreas de bosques de calidad superior, capaces de dar, término medio, 337 metros cúbicos de leña y 152 metros cúbicos de madera de obra. Equivale decir, entonces, que en los bosques de los alrededores de Ushuaia había entonces aproximadamente siempre de acuerdo a LEBEDEFF. más de 870.000metros cúbicos de leña y algo más de 246.000 metros cúbicos de madera de obra, o sea 700.000 toneladas de leña, de acuerdo al peso específico de la “lenga” en estado verde, que es de 800 kilogramos por metro cúbico.

Ahora bien; siendo el consumo de la cárcel unas 18.000 toneladas anuales de leña1, la existencia de la misma anotada para los alrededores de Ushuaia significaba la posibilidad de proporcionar material a la cárcel durante unos 40 años.

Sin embargo, si a la explotación irracional que se comenta, se hubieran seguido agregando las pérdidas por incendio, ese período crítico hubiera llegado mucho antes y, con él, la disminución de la habitabilidad de aquellas regiones.

Afortunadamente, al pasar el territorio a ser Gobernación Marítima, las cosas cambiaron fundamentalmente y al constante adelanto que el Ministerio de Marina lleva al mismo se debe agregar la construcción de un embalse en el río Olivia para proveer de luz y fuerza a Ushuaia.

Contactenos

Para contactarnos rellena el siguiente formulario