El problema de Esquel.

Según referencias de los mismos, en días calurosos el fuego tomaba gran incremento entre las 10 y 14 horas resultando con frecuencia altamente peligrosas las tareas de combate entre esas horas. Por el contrario, durante el resto del día y en especial hacia el crepúsculo, disminuía su intensidad y era entonces cuando mayor actividad se desarrollaba en la lucha. Las investigaciones realizadas para identificar los culpables no permitieron arribar a nada concreto a pesar del empeño puesto en la tarea entre todos los pobladores de la región.

El hecho es que la desaparición acelerada del bosque por efecto del fuego repetido y muy frecuente, ha creado en numerosas poblaciones patagónicas serios problemas; tal el caso de Esquel, progresista población situada en un valle cordillerano, al noreste del territorio del Chubut y antiguamente rodeada de macizos boscosos. Sin embargo, en la actualidad ocurre que poco más allá del límite este del pueblo (comienzo del camino al río Percey), se hallan unos faldeos con suelo arenoso y extremadamente móvil, que en días de viento hacen muy molesta la vida de sus pobladores por la arenilla que llevan en suspensión, y con el agravante del avance incontenible de la masa de arena sobre el pueblo mismo.

Dichos faldeos estuvieron cubiertos de “ciprés”, que al propio tiempo que eran efectivo sostén del suelo. daban al pueblo el marco ornamental que hoy le falta. Los incendios repetidos determinaron la degradación acelerada del bosque y su posterior desaparición, por extracción excesivamente abusiva del material leñoso seco o semiseco, seguido del pisoteo de animales, en especial caprinos, muy abundantes en la región.

Avance de la estepa patagónica sobre el bosque degradado.

Como consecuencia, se observa una progresión rápida de la vegetación modificada y representada por matas de “neneo” (Mulinum spinosum L.), “coirones” (Stipa spp.), “mata negra” (Verbena tridens LAG.), etc., típicas de la estepa patagónica vecina.Y en días de fuertes vientos suelen verse, incluso,ejemplares de estas especies arrancados de cuajo por la poca solidez del suelo y su raíz comparativamente mucho más pequeña en relación a la de los árboles que existieron en otros tiempos en el mismo lugar.

Tan sólo quedaban como testigos de la última etapa de la desaparición del bosque, unos pocos árboles de “ciprés” solitarios y muertos en pie, con evidentes marcas del paso del fuego. Igual cosa ocurre en los faldeos arenosos del costado norte del pueblo, donde la desaparición del bosque primitivo ha privado al suelo de todo sostén al punto de tener que rehacer constantemente las defensas para evitar que el cementerio local se cubra totalmente de arena.

Y en fin, el caso es que, como consecuencia de la destrucción del bosque cercano, los pobladores de Esquel deben ir a distancias de más de 25 kilómetros para extraer leña de bosques fiscales.

Incendios en la parte insular (Tierra del Fuego).

Siguiendo hacia el sur nuestra marcha descriptiva de catástrofes de esta índole, hemos de detenernos especialmente en la parte más austral de los mismos bosques subantárticos de nuestro país; me refiero a los de Tierra del Fuego, que desde el punto de vista fisonómico tiene gran semejanza con los bosques de los países escandinavos.

Tierra del Fuego abarca, en los 22.000 kilómetros cuadrados de su superficie, dos regiones fitogeográficas bien delimitadas e igualmente ricas: la parte norte del territorio, prolongación de la formación estética, de aptitud ganadera, señalada como una de las que producen las mejores lanas del país y, la parte sur, extremo de los bosques subantárticos con macizos aún de extraordinario valor. Se trata, en realidad, de la prolongación en la parte insular de los bosques que a partir aproximadamente del paralelo 37 cubren las laderas cordilleranas. En este territorio, el bosque se extiende desde el nivel del mar hasta los 450 metros, a partir de cuya altura y hasta los 700 metros sobre el nivel del mar (línea de vegetación), las especies pierden su porte arbóreo y adquieren el de los típicos matorrales de altura o latitud elevada.

También, como la parte superior de los bosques subantárticos, la formación fueguina está constituida por densos fustares naturales específicamente muy pobres, ya que tan sólo participan en el estrato arbóreo superior tres especies, de las cuales la “lenga” domina ampliamente y es seguida por el “guindo” y el “ñire”. Tratándose de bosques de montaña y desde el punto de vista silvícola, sin ordenación, existen en el mismo gran cantidad de ejemplares sanos y útiles, de las más diversas edades y dimensiones, como también elevado por ciento de árboles enfermos. El estudio más detenido del medio nos permitió comprobar que, aparte de lo citado, la densidad y estado sanitario del bosque depende de la profundidad del suelo.

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