Degradación del bosque de “araucaria” por substitución de la especie arbórea dominante.

El hecho es que el subbosque desapareció totalmente y con él varios millones de plantas jóvenes de las especies arbóreas que constituían el porvenir forestal de aquella región En su lugar ya asomaban a la superficie innumerables brotes de “caña coligüe” con miras a cubrir totalmente el suelo. Por regla general la “caña coligüe” no es tan afectada por los incendios, debido a que esta gramínea tiene la parte persistente de su organismo protegida bajo el nivel del suelo; y una vez pasado el fuego, en momento favorable, su vasta red de rizomas emite vástagos vigorosos que llegan a adquirir desarrollos de hasta nueve metros de alto en un solo período vegetativo y, con frecuencia, con una profusión tal que en un metro cuadrado llegamos a contar hasta 40 tallos. En los mejores bosques de “araucaria” o de “araucaria” con “lenga”, en el estrato arbóreo dominante y “caña coligüe” en el subbosque, pudimos comprobar que el porvenir de las especies arbóreas estaba bastante comprometido por la existencia de “caña coligüe”. En lo que era el bosque denso llegamos a contar al pie de los árboles quemados hasta 45 brotes nuevos de la gramínea por metro cuadrado y, ello tan sólo dos meses después del paso del fuego.

Un hecho semejante de substitución de especies ocurre también en las formaciones más pobres, es decir, en el bosque de “araucaria”‘ con estrato arbustivo de “ñire” esta última especie, por el hecho de regenerarse profusamente por vía agámica (raíces y cuello del tallo con yemas), no tarda en cubrir el lugar donde antes crecían hermosos árboles de “araucaria” conquistando definitivamente el lugar por donde pasó el fuego. En las cercanías del paraje denominado “El Crucero” en pleno bosque denso de “araucaria” o de “araucaria” y “lenga” y en superficies quemadas hace unos 10 años, pudimos ver constituidos en impenetrables tallares de “ñire” lo que antes del paso del fuego era rico y denso fustar alto de “araucaria” con escaso estrato arbustivo de “ñire”.

El análisis de algunos ejemplares de “ñire” del tallar, nos permitió comprobar que las plantas que estaban constituidas por cuatro o cinco vástagos antes del incendio, tenían después 15 y hasta 20, con el consiguiente aumento de la base común de los mismos. Equivale decir que, una vez desaparecidos los árboles muertos en pie, se habrá pasado directamente del bosque muy valioso de “araucaria” y “lenga”, al matorral de “ñire” (ñirantal), o al de “caña coligüe” (coligual), sin importancia económica o por lo menos de valor marcadamente inferior al antiguo bosque.

Efectos del fuego sobre el leño.

El estudio detenido de los árboles muertos en pie y el examen de dos tortas o rodajas del tronco de dos “araucarias” chamuscadas que trasladamos a nuestro laboratorio desde la zona más afectada por el fuego, nos permitió arribar a conclusiones muy interesantes respecto al aprovechamiento de la madera de los mismos.

Resultó que la espesa corteza de la “araucaria”, que según nuestros estudios llega a constituir el 24por ciento del volumen del tronco, ofreció gran resistencia al fuego, alcanzando a defender el cilindro leñoso y con frecuencia también al cambium de la temperatura de 64°C. que es la que produce generalmente la muerte de tan vital y delicado tejido. Por esa razón, considerábamos que muchos árboles chamuscados de “araucaria” habrían de sobrevivir.

Sin embargo, como los hongos lignícolas e insectos xilófagos tienen marcada preferencia por atacar al leño a través de las heridas producidas y, en este caso, las ocasionadas por el fuego son muchas, la enfermedad va progresando y ganando altura con rapidez hasta afectar casi totalmente el tronco y al cabo de algunos años, la madera habrá perdido su valor y constituirá además un foco de infección para los ejemplares jóvenes. De lo cual podemos deducir que con el correr del tiempo, la madera en tales condiciones no servirá para nada, lo que se puede comprobar, por otra parte, al cortar árboles que aún están en pie, a pesar de haber muerto por acción del fuego de antiguos incendios. Igual observación de avance de enfermedades en ejemplares parcialmente quemados puede hacerse en árboles que presentan excavaciones en la base, ocasionadas por las hogueras que encienden los “piñoneros”, arrieros o pastores, para cocer sus alimentos al detenerse o pernoctar en el bosque.

Estos huecos producidos por el fuego en la base de muchas “araucarias”, son en un principio pequeños, pero se van agrandando todos los años por la acción de dichos “piñoneros” o la de todos los días practicada por los mismos pastores, hasta el extremo que en no pocos casos fueron el foco inicial de destrucción de importantes macizos arbóreos al extenderse el fuego de estos fogones que abandonaban sin haberlos previamente extinguido por completo.

Por estas razones nos proponemos realizar una explotación mesurada de las “araucarias” chamuscadas, de acuerdo a lo que mejor convenga para mantener el ambiente forestal del lugar; y hasta llegado el caso y disponiendo de medios, convendría encarar un plan de reforestación con la misma “araucaria” y, además, con otras especies indígenas y exóticas de reconocida importancia y que por sus exigencias pudieran adaptarse bien a aquel medio físico y edáfico.

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