ASPECTOS DEL GRAVE PROBLEMA EN LOS BOSQUES DEL NORTE SUS CAUSAS Y EFECTOS

LOS BOSQUES del norte del país y especialmente los de la formación chaqueña y misionera, específicamente muy ricos, presentan todos los años posibilidades de incendiarse. Las causas iniciales de los siniestros del norte deben atribuirse, en su mayor parte, a la imprudencia y, también, a la equívoca o mala intención de muchos colonos, sin descartar en algunos casos los accidentes fortuitos provocados por fenómenos atmosféricos 1 o motivos de índole distinta.
Incendios en el bosque chaqueño. Quemazones del tapiz herbáceo.
En los bosques chaqueños suelen manifestarse por quemazones del tapiz herbáceo en las abras, pampas y demás espacios libres de bosque, producidas o provocadas, generalmente en vísperas de lluvia. con el fin de destruir los pastos duros y excitar la aparición de renuevos más tiernos, única forma en que pueden ser aprovechados beneficiosamente por los animales.
Ampliación de la cultura agrícola.
Además de las expuestas, son asimismo causas importantes de disminución y degradación acelerada de los bosques chaqueños, la destrucción de macizos arbóreos por medio del fuego, con el propósito de crear o ampliar áreas destinadas a la cultura agrícola, en muchos casos transitorias, y la quemazón de los rastrojos sin guardar las debidas precauciones. El período peligroso en los bosques del norte del país, no sólo comprende la estación de verano, sino también el invierno, puesto que, en la época de los fríos, las frecuentes heladas determinan el deseca-miento de la vegetación y con ello un medio suma-mente favorable a la propagación del fuego. De modo que las abras y pampas, muy numerosas dentro de los bosques, no son, ni mucho menos, espacios libres estables; su superficie aumenta año tras año ensanchándose continuamente por la acción del fuego provocado por el hombre.
El poblador con inquietudes agrícolas entra al bosque y se instala en las abras, y como la práctica le ha demostrado que algunos cultivos como el algodonero, por ejemplo, que es el más difundido, pros-pera mejor en las rinconadas o escotaduras del perfil del bosque que en las abras mismas, no tarda en realizar sus siembras hasta la pared misma de éste. Es allí donde obtiene los mayores rendimientos agrícolas, debido a que el bosque, al actuar como regulador de las condiciones micro-ambientales, ejerce una mayor protección sobre las plantas más cercanas al mismo.
Terminada su primera y modesta cosecha, acumula los rastrojos en la pared del bosque, que es general-mente la parte más rica en “quebracho colorado chaqueño” y como éste es un obstáculo a su progreso, no tarda en vencerlo económica y rápidamente, mediante la ayuda del fuego, con cuyo concurso destructor consigue ampliar el área de sus cultivos. En esta primera quemazón desaparece, por acción del voraz elemento, el denso estrato arbustivo y el estrato arbóreo inferior, sobreviviendo, en cambio, la mayor parte de los árboles superiores de más difícil combustión, que forman así las raleras. De este modo, el medio está preparado para difundir el siniestro, asegurándolo eficazmente la operación de incisión anular ‘ en árboles mayores verdes o sobre aquellos que encontrándose aún en ese estado son más resistentes al fuego. Estos procedimientos consiguen secarlos en pie, con lo cual, al pasar nuevamente el fuego, los transforma pronto en cenizas.
Regresión de las formaciones por efecto del fuego repetido.
En la parte este más húmeda de la formación chaqueña o zona del “quebracho colorado chaqueño”, mucho más rica en especies arbóreas que el resto de la formación y con mayor número de ejemplares por hectárea, la desaparición total de los árboles es más lenta. Siempre quedan, entre las grandes superficies de gramíneas generalmente vivaces y heliófilas, árboles aislados diseminados aquí y allá, originándose así la formación llamada por algunos autores sabana, que constituye la penúltima etapa en la evolución regresiva del bosque.
El sub bosque de esta zona suele estar densamente ocupado por el “cardo chuza” o “caraguatá chuza” planta estolonífera que forma grandes colonias. Sus numerosas hojas, alargadas en forma de vaina, con aguijones en sus márgenes y dispuestas en rosetas, son muy rebeldes a la acción del fuego, porque siendo acanaladas en la base, acumulan y conservan siempre pequeñas cantidades de agua; constituyen de tal modo una excelente barrera natural, sobre todo cuando el fuego es rastrero. En cambio, hacia la parte occidental del Chaco con período seco prolongado y vegetación xerófila, el bosque es cuantitativamente más pobre y por efecto del fuego desaparece en forma definitiva. Es substituído directamente por inmensas formaciones homogéneas de gramíneas xerófilas, verdaderas praderas o praderas-estepas cuando el tapiz graminoso es discontinuo, y sabanas cuando presentan árboles aislados, por lo general, más o menos afectados por las quemazones.
Con frecuencia, las cenizas provenientes de los rozados a fuego, que destruyen árboles a menudo gigantescos y varias veces centenarios, enriquecen los suelos en substancias fertilizantes solubles. Sin embargo, cuando se trata de suelos de aptitud forestal, ese enriquecimiento es efímero, ya que tan sólo alcanza a dos o tres buenas cosechas agrícolas, al cabo de las cuales se produce una sensible disminución de la fertilidad por el consumo sin reposición de la cultura agrícola. Además, casi siempre se producen infiltraciones de las substancias fertilizantes solubles hacia los horizontes más profundos del suelo, o también pérdidas por escurrimiento superficial de las mismas durante los períodos lluviosos.
Los rendimientos agrícolas disminuyen pronto en forma notable, contribuyendo a ello el efecto de los rayos solares directos sobre la tierra, antes cubierta por macizos arbóreos. En tales condiciones, estos espacios libres son ampliados o abandonados en procura de otros nuevos. Y así, sucesivamente, se van creando estepas limitadamente productivas o estériles, donde antes hubo ricos y densos bosques.
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