Peses a la reclasificación, la guiña sigue en riesgo por la pérdida de hábitat y el cambio climático

El cambio climático intensifica las amenazas que ya enfrentan muchas especies al modificar sus hábitats de manera acelerada. El aumento de las temperaturas, la prolongación de las sequías y la mayor frecuencia de incendios forestales reducen y fragmentan los ecosistemas, forzándolas a desplazarse hacia zonas muchas veces intervenidas por el ser humano.
La güiña (Leopardus guigna), el felino más pequeño de América, es un claro ejemplo de esta situación. Aunque fue recientemente reclasificada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Pasó de ser considerada “vulnerable” a ser “de preocupación menor” (gracias a mejores datos sobre su distribución y población).
Sin embargo, la especie continúa enfrentando amenazas graves como pérdida de hábitat, conflicto con humanos, enfermedades y efectos del cambio climático. Por su importante papel ecológico y su situación actual miembros de organizaciones ambientalistas como Greenpeace Chile y The Nature Conservancy exigen políticas de conservación más sólidas y acciones urgentes para asegurar su supervivencia a largo plazo.
Cambio climático y otras amenazas que no desaparecen
A pesar de la reclasificación, las amenazas sobre la güiña siguen siendo múltiples y profundas. La pérdida y fragmentación de su hábitat natural, principalmente bosques templados y matorrales en Chile y Argentina, sigue avanzando a un ritmo preocupante debido a la expansión agrícola, la tala no sostenible y la urbanización. Estudios recientes han documentado que la pérdida de bosques templados en Chile ha superado el 15% en las últimas décadas, lo que reduce las áreas continuas que esta especie necesita.
Otra grave amenaza son los constantes conflictos entre humanos y fauna. La güiña suele ser atacada por perros domésticos o “controlada” por agricultores que la perciben como una amenaza a aves de corral o pequeñas presas. Los perros y gatos domésticos también pueden transmitir enfermedades como la leucemia felina y la peritonitis infecciosa felina, que son letales o debilitantes para los felinos silvestres, lo que añade una presión adicional sobre poblaciones fragmentadas y de bajo número.

Pero tal vez el riesgo más latente esté relacionado con el cambio climático, que está intensificando fenómenos como sequías, incendios forestales y modificaciones en las precipitaciones, lo que altera la disponibilidad de presas y la calidad de su hábitat. Incendios recientes en el sur de Chile, como los de 2017 y 2023, han destruido miles de hectáreas de bosque, afectando directamente a especies que dependen de este ecosistema, incluida la güiña.
Números que no siempre cuentan la realidad
De acuerdo con Nicolás Gálvez, profesor asociado de la Pontificia Universidad Católica de Chile y líder de la evaluación más reciente, el cambio en los números de las poblaciones de guiñas no responden necesariamente a una recuperación real de la especie, sino a una mejora en la información disponible.
En la evaluación anterior (realizada en 2014), los datos poblacionales y de distribución eran limitados. Los estudios más recientes han demostrado que la güiña no solo habita bosques templados del sur de Chile y el norte de Argentina, sino que también puede persistir en ciertos paisajes agrícolas moderadamente alterados. Esta mayor resolución de información permitió estimaciones más precisas de su tamaño poblacional y de su rango geográfico.

Sin embargo, los conservacionistas destacan que clasificarla como de preocupación menor puede ser injustamente interpretado como una señal de que la especie ya no enfrenta riesgos significativos, cuando en realidad sigue expuesta a múltiples amenazas que comprometen su supervivencia a largo plazo.
La importancia de la guiña para los ecosistemas
La güiña juega un rol ecológico clave en los bosques y paisajes templados donde habita, aunque este rol suele subestimarse. Como depredador de roedores y pequeños mamíferos, contribuye a controlar poblaciones que pueden dañar cultivos o transmitir enfermedades.
Los pequeños felinos en general actúan como reguladores naturales de comunidades de pequeños mamíferos, lo que influye en la composición de la vegetación y en la estructura general de los bosques. La ausencia o declive de esta clase de depredadores puede desencadenar efectos en cascada, donde las poblaciones de roedores aumentan y alteran la regeneración de especies vegetales valiosas, afectando a su vez a otras especies dependientes de esos hábitats.
Además, la presencia de la güiña puede ser interpretada como un indicador de salud ecológica. La conservación de sus poblaciones exige mantener bosques con conectividad, baja fragmentación y un régimen de presas adecuado, condiciones que también benefician a muchas otras especies nativas.
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