La ola de incendios forestales en la Amazonía de Bolivia 

Fuego intenso consumiendo ramas y troncos en un bosque, con árboles ennegrecidos y humo elevándose entre las llamas.

Los datos de la más reciente ola de incendios que afecta a la Amazonía de Bolivia. Los principales damnificados y las políticas públicas cuestionadas tras el desastre ambiental. 

Los incendios forestales de la última temporada en la Amazonía de Bolivia dejaron fuertes secuelas tanto en la biodiversidad como en las comunidades. 

Un grupo compuesto por nueve poblaciones originarias afectadas quedó en exposición al fuego. Al respecto circulan denuncias y acusaciones sobre negligencia por parte de los sectores empresarios que explotan las tierras de la región. 

Fuego intenso consumiendo ramas y troncos en un bosque, con árboles ennegrecidos y humo elevándose entre las llamas.
Incendio forestal: una crisis ambiental que amenaza la biodiversidad y acelera el deterioro climático global.

Los más recientes eventos transcurridos durante el mes de septiembre dejaron, además, a la vista la falta de previsión que existe para estos casos. La Amazonía boliviana carece de equipos que puedan resolver en tiempo y forma el inicio de las llamas. 

Según los reportes no oficiales que circulan la zona de Oriente y Chaco son las más perjudicadas. Allí se ubican 58 asentamientos indígenas de los cuales más de 40 tuvieron daños considerables a causa de los incendios forestales. 

Durante un período de aproximadamente 20 días comenzaron casi 1500 focos que coincidieron con el cese de las campañas medioambientales por una disposición gubernamental. 

El perímetro más castigado fue el Parque Nacional Isiboro Sécure, también conocido como TIPNIS. Solo allí se contaron más de 500 epicentros de fuego y calor. 

El Centro de Estudio Jurídicos e Investigaciones Sociales, conocido como CEJIS difundió un reporte que menciona a los pueblos damnificados uno por uno:

  • Yuqui
  • Cavineño
  • Cayubaba
  • Ese Ejja
  • Yuracaré
  • Tsimane
  • Tacana
  • Guarayo
  • Mojeño-ignacio

Se estima que más del 60 por ciento de la vegetación de la Amazonía boliviana se quemó producto de incendios forestales desde el 2024 a la fecha. De esta cifra, el 42 por ciento ocurrió en el más reciente período. 

Luego del año pasado, el peor en relación a la quema de espacios naturales, se suponía que se ajustarían las medidas de prevención. Sin embargo, no ocurrió de ese modo y a la fecha no se registra inversión en programas especiales. 

A pocos días del inicio de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático la región asiste a uno de sus peores períodos en cuanto a calentamiento global. 

La situación de la Amazonía de Bolivia es solo una muestra de cómo el cambio en las temperaturas puede incidir en el paisaje y en la vida de las comunidades a la vez. 

¿Destinarán tiempo y recursos las autoridades regionales al trabajo integral para combatir el cambio climático y mejorar las condiciones medioambientales y sociales en el continente? 

A partir de noviembre, cuando comiencen los debates en la ciudad de Belém Do Pará en Brasil durante la COP30, se aguardan novedades y anuncios

Las cifras de los incendios forestales en Bolivia

Los incendios forestales en Bolivia presentan un escenario severo para esta región del continente. Sin embargo, y a pesar de la seriedad del asunto, no hay cifras oficiales y los datos que circulan son los obtenidos por las organizaciones que se interesaron en el tema. 

Una de las entidades que estudiaron el territorio es Global Forest Watch, también conocido como GFW, una plataforma que se dedica a estudiar este tipo de casos. La unidad pertenece al World Resources Intitute, o WRI, dedicada al estudio del medio ambiente. 

GFW en conjunto con el Laboratorio de la Universidad de Maryland presentó un estudio que indica que la pérdida por incendios forestales en Bolivia hasta el año 2024 ascendía a 1.8 millones de hectáreas. 

Según estos registros, más del 80 por ciento del bosque nativo de la Amazonía boliviana se habría perdido por el fuego. La cifra equivale a más de la mitad del total de la vegetación autóctona. 

Las comunidades locales señalan que las llamas se inician por el calor en combinación con el arrasamiento que se hace de las tierras por los grupos ganaderos. Esta depredación de los suelos serían los disparadores para incendios forestales que dejaron las secuelas expuestas en los últimos años. 

Las poblaciones indígenas acusan a los productores de soja, de caña de azúcar y a los criadores de ganados por los daños sufridos en sus espacios. 

A esta situación se suma otra denuncia: la poca cantidad de equipos de bomberos que puedan actuar ente hechos como los ocurridos. 

Toda la escena reviste gravedad y justifica el reclamo popular por medidas preventivas y de contingencia más justas para los bolivianos y bolivianas en el actual contexto de crisis climática. 

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