La epidemia que afecta a los conejos de Estados Unidos
El caso que alerta a la población estadounidense por la presencia de conejos enfermos en el norte del país. El virus que circula entre las comunidades de animales, la información que se conoce sobre esta pandemia en la fauna y lo que orientan los especialistas respecto al contacto con humanos.
En Estados Unidos surgió una noticia inquietante: aparecieron conejos con tentáculos extraños de forma inesperada.
Ocurrió en Fort Collins, en Colorado y fueron fotografiados por pobladores locales. Muy rápidamente las imágenes se difundieron por las redes sociales y la información llegó a todo el mundo.
Popularmente llamados “conejos Frankenstein” se confirmó que se trata de una enfermedad transmitida de unos a otros. El virus es contagioso, pero solo entre animales y no pone en peligro la salud pública de las comunidades.

A su vez, las voces autorizadas advirtieron que se trata de una plaga que solo afecta a esta especie y no se transmite hacia otras variedades.
La sintomatología es muy clara y visible. Cada conejo afectado presenta en los sectores de la cabeza y del rostro verrugas de gran tamaño y color oscuro. Si bien el aspecto de los ejemplares se altera, esto no les representa dolor o malestar físico.
Lo que sí puede suceder, y de hecho es advertido por los especialistas, es un impedimento de realizar sus funciones vitales por la presencia de los tentáculos. Si esto sucediese necesitarían atención ya que pueden sufrir deshidratación o desnutrición.
Además, se conocieron las formas de contagio. El virus en cuestión puede ser transmitido por las plagas como pulgas o garrapatas. Mientras tanto, se investiga el alcance de esta epidemia y sus posibles consecuencias.
Pero ¿Cuál es el virus que afecta a los conejos del norte de Estados Unidos? ¿Qué riesgo presenta este episodio para las personas del lugar? ¿Cuáles son las versiones de la comunidad científica al respecto?
Acerca del virus que afecta a los conejos de Estados Unidos
En relación al virus propiamente dicho se trata del papiloma de Shope. Esta patología alcanza a los conejos conocidos como cola de algodón.
El nombre fue dedicado en honor a su descubridor en el año 1930. En ese momento Richard Shope trabajaba sobre especímenes infectados en el contexto de investigaciones llevadas adelante por la Universidad Rockefeller.
El descubrimiento de este investigador dio cuenta de ejemplares en estado silvestre que se encontraban enfermos hace casi 100 años.
Estos estudios fueron muy importantes ya que, gracias a ellos, se pudo conocer la relación entre diagnósticos humanos. Así se logró comprender las características, por ejemplo, del virus del papiloma humano, también conocido como HPV.
En relación a este último, el caso de los conejos tiene particularidades muy similares desde el punto de vista biológico.
Mitos y verdades sobre la epidemia de los conejos
A partir de la impresión física de los conejos alcanzados por el virus surgieron muchas versiones, la mayoría sin sustento científico.
Uno de los mitos que más circulan es el llamado jackalope. Se trata de un ser mitológico que fue difundido en la antigüedad en cuentos y leyendas populares.
Este tipo de desinformaciones han existido con diferentes sintomatologías antes que la ciencia pudiese ofrecer respuestas empíricas.
En el presente, más allá de los rumores y versiones, los investigadores han explicado que la gran mayoría de los ejemplares pueden sobrevivir a la enfermedad.
Es posible que su salud se deteriore y necesiten cuidados especiales, pero de ninguna manera implica una muerte segura.
Las recomendaciones de los expertos
Si bien está confirmado que no se trata de una epidemia que represente un peligro para los seres humanos, de todos modos, hay advertencias.
Los especialistas recomiendan no tomar contacto con los conejos infectados. Incluso ante la confirmación de la condición de benignos de los tentáculos, es preferible no tocarlos ni manipularlos.
Como este virus puede alcanzar a animales domésticos los cuales conviven con personas, la indicación es acudir a veterinarios. Dado que las protuberancias pueden ser perjudiciales para los animales en cuanto a su alimentación lo mejor es que la asistencia provenga de profesionales.
Se espera que la ciencia pronto ofrezca más respuestas sobre los conejos infectados y eventuales posibles situaciones similares que se pueden presentar en los bosques.
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