Incendios y desmontes en Argentina: el drama de cada verano

Incendio forestal nocturno con árboles en llamas y humo denso elevándose sobre un bosque de coníferas.

La Argentina vuelve a enfrentar cada verano la secuencia trágica de incendios y desmontes que arrasan bosques. Las llamas y el ruido de topadoras se repiten, impulsadas no solo por calor o sequía, sino también por recortes presupuestarios, desmontes autorizados en zonas protegidas y falta de acciones previsibles. ¿Es posible evitar esta tragedia antes de que llegue el calor?

Qué dice el informe de Greenpeace Argentina

Un informe reciente de Greenpeace Argentina, basado en imágenes satelitales, reveló que el último verano se quemaron cerca de 32.000 hectáreas de bosques patagónicos. Esa cifra multiplica por cuatro lo registrado el año anterior, convirtiendo la temporada pasada en la más devastadora de las últimas tres décadas. Estas estadísticas sorprenden, pero también plantean una pregunta: ¿qué impide que las autoridades actúen con anticipación?

Qué necesitan las provincias y Nación frente a los incendios

Hernán Giardini, coordinador de campañas de bosques en Greenpeace Argentina, afirma que la prevención debe ser decisión de los tres niveles del Estado: nacional, provincial y municipal, cada uno con roles que pueden marcar la diferencia. En primer lugar, las autoridades deben reconocer el cambio climático. Según Giardini, numerosos estudios —de científicos locales y extranjeros— anticipan que el aumento de temperatura duplicará los incendios en la próxima década. La idea es clara: se debe controlar el fuego en su inicio. Para esto, hacen falta brigadistas entrenados, medios terrestres y aéreos, aviones hidrantes y un sistema rápido de detección y respuesta.

Por qué falta inversión y voluntad

Aunque hay fondos destinados a prevención, Giardini advierte que la ejecución es deficiente. En 2024, por ejemplo, la mitad del presupuesto asignado se utilizó solo cuando los incendios ya avanzaban. Esto deja en evidencia una rutina: hay dinero, pero no se usa a tiempo, cuando más se necesita.

El rol de la comunidad y la educación

El fuego no solo se desata por causas naturales: también por descuidos humanos. Muchos visitantes llegan a zonas boscosas y encienden fuegos sin autorización. Las comunidades locales, a veces, prenden fuego para limpiar terrenos. Por eso, facilitar campañas informativas efectivas y contar con controles básicos —para evitar asados en zonas no autorizadas— puede reducir riesgos. En parques nacionales, la clave está en tener accesos habilitados y personal capacitado para actuar en cuanto se detecta un foco pequeño.

Desmontes en el norte y su impacto

En el norte argentino, la amenaza no es solo el fuego: el desmontes también avanzan sin medida. Greenpeace informó que en 2024 se desmontaron casi 120.000 hectáreas en cuatro provincias del norte. Noemí Cruz, coordinadora de la campaña Bosques en Greenpeace, sostiene que este ritmo se enmarca en una emergencia forestal: entre 1998 y 2023 desapareció un área similar a la provincia de Formosa. Las imágenes satelitales reflejan cifras frías, pero recorrer esos montes en terreno revela cómo topadoras destruyen la biodiversidad, eliminan cubierta vegetal y dejan el suelo listo para soja o pasturas que pronto pierden valor.

Historias en el terreno

Cruz describe con emoción y detalle cómo las topadoras avanzan: arrancan árboles milenarios, dejan tocones expuestos y acumulan restos de follaje a la vera del camino. El verde vivo se convierte en un paisaje gris, con fauna desplazada. El resultado es una tierra que, después de unos años, queda improductiva y abandonada, sin vida ni valor ecológico.

Buscando una salida sostenible

La regeneración no es imposible. Hay experiencias exitosas. Biólogos y organizaciones como WCS Argentina sugieren mejorar la gestión del pastizal y la ganadería, rotando animales para permitir que la vegetación se recupere. En el monte chaqueño, proponen sistemas de manejo certificado, uso controlado del fuego para desmalezar y remoción mecánica de arbustos para reducir el riesgo de incendios.

Alianzas con comunidades originarias

En el norte profundo, donde viven comunidades wichí, nivaĉlé y pilagá en Formosa, la protección del bosque y el bienestar comunitario van de la mano. Pablo Chianetta, de la APCD, señala que estas comunidades cuidan mejor el monte que muchas zonas estatales. Aunque solo poseen el 5 % del territorio, mantienen parches aislados de bosque nativo que funcionan como refugios de biodiversidad. Su rol es clave para cualquier modelo de conservación sostenible.

Hacia corredores verdes y derechos indígenas

La pérdida de conexión entre parches de bosque es un problema grave: las zonas conservadas quedan aisladas, como islas rodeadas de cultivos o caminos. Desde la APCD proponen diseñar corredores biológicos que enlacen esos remanentes. También exigen fortalecer los derechos de las comunidades indígenas. La constituyente provincial en Formosa podría garantizar esas garantías: Noolé Palomo, referente pilagá, señala que la modificación de un artículo constitucional pondría en riesgo a esas comunidades y al ambiente que cuidan, ya que las grandes empresas podrían adquirir más tierras para desmontar.

Argentina tiene frente a sí una doble crisis: los fuegos devastadores y el avance del desmonte. Aunque los datos se repiten cada verano, esta vez las acciones pueden ser distintas. La prevención es posible si hay voluntad política, recursos efectivamente destinados y participación comunitaria. Las experiencias de manejo sustentable y los conocimientos de las comunidades originarias muestran un camino distinto. Si hay decisión de proteger los montes, Argentina puede cambiar el destino de sus bosques. Sin demora.

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