El desmonte no da tregua en Misiones

De acuerdo con un estudio realizado por la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), el desmonte ha sido la mayor amenaza para la Selva Paranaense en las últimas tres décadas. Y es que, a pesar de las normativas vigentes que buscan proteger a este bosque nativo, la deforestación lleva destruidas casi 130 mil hectáreas, además de fragmentar de forma terrible el hogar de más de la mitad de las especies del país.
El Bosque Atlántico es uno de los ecosistemas más biodiversos del planeta y se extiende a través de territorio brasileño, paraguayo y argentino. Sin embargo, también se trata de uno de los sectores más amenazados por la acción del hombre. Por este motivo, en el año 2000 se creó en Misiones el Corredor Verde, un área protegida que abarca más de un millón de hectáreas. ¿El objetivo? Preservar y conectar las principales zonas boscosas de la región.
Lamentablemente, esta iniciativa no fue suficiente para detener el avance de las topadoras. Por el contrario, aumentaron los parches sin bosque, y los que quedan son cada vez más pequeños y se encuentran más alejados unos de otros. Esta distancia es especialmente dañina para la migración de especies y para la dispersión de semillas, además de favorecer la invasión de especies no autóctonas.
Fragmentación: una consecuencia letal del desmonte
Se conoce como fragmentación al proceso mediante el cual la superficie total del bosque se va dividiendo en áreas cada vez más pequeñas y aisladas. Esta partición hace que los paisajes sean cada vez menos aptos para la vida silvestre. En los últimos 30 años, el tamaño promedio de los fragmentos ¡se redujo de 285 a 215 hectáreas! Pero además, la distancia entre ellos aumentó más del 160 por ciento.
Cuando las especies ven fragmentados sus hábitats naturales, son incapaces de cumplir sus ciclos naturales de reproducción y alimentación. Pero esto no solo afecta la supervivencia de la fauna y la flora, sino que desequilibra todo el ecosistema poniendo en riesgo su resiliencia. A esto se suman los efectos de la conversión del bosque en tierras agrícolas, que empeora aún más estos efectos nocivos.

Una ley que no se cumple
En 2007 se estableció el Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos (OTBN), que se sancionó para clasificar las áreas boscosas según su valor de conservación con el objetivo de brindarles una mejor protección. Pero si bien la ley tuvo un impacto positivo, el estudio de la FAUBA mostró que su efectividad no pudo mantenerse a través del tiempo.
Entre 2010 y 2015, la tasa de desmonte se redujo. Pero durante el gobierno de Mauricio Macri, volvió a aumentar. En la provincia de Misiones esto se vio especialmente en las zonas catalogadas como de valor medio y bajo, lo que demuestra que, a pesar de que la ley establece reglas claras, no es suficiente para frenar la deforestación.
Por este motivo, organizaciones ambientalistas como Greenpeace Argentina vienen luchando desde hace años para que el ordenamiento territorial sea acompañado por iniciativas de restauración y un mayor control. Pero la falta de presupuesto y medidas como la Ley Bases (propuesta por Javier Milei) atentan contra la conservación del bosque.

¿Cómo proteger los bosques de la motosierra?
Desde su asunción, el gobierno de Javier Milei ha impulsado un modelo extractivista que pone en riesgo a los ecosistemas nativos. Los recortes de fondos para hacer cumplir la Ley de Bosques, así como la destrucción de los organismos encargados de protegerlos han ido debilitando las herramientas que protegen a los bosques nativos.
Lo que es peor, en lugar de promover su restauración y conservación, el presidente pregona el avance de los desmontes para expandir la frontera agropecuaria, priorizando los intereses económicos por sobre el equilibrio ambiental del país. ¿Cuáles serán las consecuencias a corto y largo plazo? Un clima cada vez más inestable y tierras menos fértiles.
Para revertir este escenario, es fundamental que las leyes se cumplan de forma efectiva. Para ello es necesario reconocer el rol de las comunidades indígenas que habitan estos territorios y de las áreas protegidas. Es importante recordar que proteger los bosques es una manera de combatir a un modelo que amenaza el derecho fundamental a vivir en un ambiente sano.
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