Denuncian tráfico de tortugas bolivianas en la región de la Amazonía

Tortuga acuática de orejas rojas nadando en agua verde, vista desde arriba.

La ruta del tráfico de tortugas amazónicas que incluye a Bolivia, Brasil, Perú y Chile. Las características especiales de estos ejemplares, los motivos por los cuales son perseguidas y los planes que llevan adelante las autoridades bolivianas para recuperarlas en su hábitat natural. 

El tráfico de tortugas oriundas de la Amazonía es un problema que se inicia en Bolivia y se expande a otros países de la región. 

Lo que ocurre es que tanto habitantes de las propias comunidades de donde son autóctonos estos animales como personas externas practican el comercio ilegal. 

La principal razón por la cual ocurre el tráfico de tortugas es por el valor de sus caparazones, de su carne y huevos. 

La legislación boliviana prohíbe la compra y venta de especies protegidas, pero, sin embargo, ocurre de forma indiscriminada. A tal punto esta actividad se salió de control que hay denuncias sobre ciudadanos brasileros que han retirado ejemplares para trasladarlos y luego venderlos en su propio territorio.

Los puntos de destino señalados, además del ya mencionado Brasil, son Perú y Chile. Incluso las autoridades afirman que la ruta de tráfico de torturas es la misma que utilizan los narcotraficantes. 

En concreto, voceros de la Reserva Nacional de Vida Silvestre Amazónica de Manuripi dio a conocer detalles de este delito que hace peligrar a las tortugas. 

Al respecto las voces autorizadas confirman que los ilícitos aumentaron en los últimos años y que los países más compradores son Brasil y Perú. Allí el precio por carne y huevos de tortuga puede ascender hasta 50 dólares por animal. 

Las variedades más vulneradas son las llamadas petas de río que se encuentran en el departamento de Pando, en Bolivia. Uno de sus hábitos es enterrar huevos en las tierras cálidas de las costas para su fecundación y es justamente durante ese período son robados. 

Además, los cazadores conocen los ciclos de la fauna y llegan en julio cuando comienza el desove. Este modus operandi se da incluso en una zona protegida de la Amazonía como lo es Manuripi

En este contexto, comenzaron las acciones específicas para intentar proteger a las tortugas amenazadas. Así surgió el Programa de Monitoreo y Conservación de la peta de río. 

El propósito de esta iniciativa es darle sobrevida. Para eso, luego de conocer la lógica de los traficantes, se procede a tomar los huevos que dejaron los especímenes bajo la arena y a trasladarlos a una playa artificial. 

En estos recintos preparados especialmente para la conservación se los cuida durante tres meses hasta el nacimiento. A posteriori, se procede a su refaunación, esto significa que vuelven a su hábitat natural con ayuda de los especialistas. 

Sobre las tortugas bolivianas de río

El tráfico de tortugas peta de río tiene que ver sobre todo con sus particulares características. Se trata de una especie de gran tamaño que habita la zona amazónica y del Orinoco, por lo tanto, se la puede encontrar en Bolivia, Brasil, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Guyana y Guyana Francesa y Surinam.

 A causa de los ataques que sufre hoy se encuentra bajo la categoría de vulnerable según el Libro Rojo de la Fauna Silvestre de los Vertebrados de Bolivia. Entre sus principales rasgos se encuentran los siguientes:

  • Forman parte de las torturas consideradas de cuello lateral porque no pueden meter el cuello completo dentro del caparazón, sino que hacen un giro para retraerse
  • Las hembras alcanzan un tamaño de hasta 50 centímetros y los machos de hasta 33.
  • Su peso promedio está entre los 9 y 12 kilos. 
  • Su aspecto incluye manchas de color amarillo en la cabeza
  • Los ejemplares más jóvenes son muy brillosos y los machos pierden lucidez con los años

Vale mencionar que para las comunidades originarias de la Amazonía los huevos y la carne de tortuga forman parte de sus dietas habituales. Esta costumbre no es el problema ya que forma parte de una cultura sostenida a través de los siglos. 

Lo que sí está generando un peligro real de extinción es el tráfico de tortugas fuera sin límites ni controles, un delito sobre el cual las autoridades deben accionar urgentes. 

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